Ella y Alberto de Bear on Bike

Ella, australiana, y Alberto, italiano, se conocieron en Barcelona y una año más tarde crearon Bear on Bike, un servicio de catering ecológico y sostenible, y Espai EGG un obrador para eventos gastronómicos. En su trabajo comunican su pasión por un producto que cuida el planeta y ponen en valor la importancia de los pequeños productores locales. Colaboran con el programa Servei Solidar para la integración social de jóvenes inmigrantes no acompañados.

Contadnos sobre vosotros, ¿quiénes son Ella y Alberto?

Somos una pareja apasionada de la comida, la naturaleza y la buena compañía. Nos inspira la gente que comparte nuestra visión por un mundo más slow donde compramos menos y mejor. Junto con nuestra perrita Flea, intentamos aplicar nuestros valores en nuestra vida diaria y en nuestro negocio Bear on Bike. Además, Ella es actriz y profesora de improvisación y Alberto es un apasionado ciclista urbano.

Nos conocimos cuando los dos estábamos organizando cenas pop-up en nuestras casas a través de una plataforma online. Un año después, estábamos viviendo juntos haciendo cenas y clases de cocina en nuestra casa y un año más tarde dimos el salto de coger un espacio que funcionara como obrador y sala de eventos.

¿De dónde sois y dónde estáis viviendo?

Vivimos en Barcelona desde hace nueve años y nos conocimos hace 7. Ella es de Melbourne, Australia y Alberto de Veneto, Italia. Ella vino a Barcelona para hacer un curso de formación de danza y perfeccionar el castellano que llevaba tres años estudiando en la universidad. Alberto vino a Barcelona después de unos meses de voluntariado en Galicia, atraído por la rica y diversa cultura gastronómica.

¿Qué es lo que más os gusta de vivir en Barcelona?

La diversidad de la gente que forma nuestra red de colegas. Nos sentimos afortunados de trabajar en cuatro idiomas diferentes con gente de todo el mundo, diferentes edades y estilos de vida. Estamos encantados de colaborar con la Fundación Servei Solidari y tener en nuestro equipo a menores inmigrantes no acompañados que estudian cocina con nosotros. Por otro lado, en nuestro día a día nos relacionamos con los vecinos mayores y las personas emigrantes del Raval donde tenemos nuestra cocina central. Nuestros mejores amigos y colaboradores representan tantas culturas, perspectivas y experiencias diferentes que ha enriquecido nuestras vidas de una manera incalculable.

¿Dónde es más probable que os encontremos en vuestra ciudad?

En nuestro obrador Espai EGG (https://www.espaiegg.com/) en el Raval o en bici haciendo compras por Ciutat Vella. Es fácil ver a Alberto en bici con la perrita en la cesta de en frente y por detrás cargado con bolsas de materia prima que va recogiendo de cada proveedor personalmente. Si vienes a Espai EGG nos pillarás probando nuevas recetas, preparando un catering o una cena privada en nuestra sala, dando una clase de cocina en el taller o (más probablemente) fregando platos.

Cuál fue vuestro primer trabajo y cómo ha sido el camino hasta llegar a vuestra profesión actual.

Ella: mi primer trabajo fue con 14 años como camarera en un restaurante japonés cerca de casa. Quería ganar un poco de dinero unas noches a la semana, pero faltaba gente en la cocina y empecé a meterme allí para ayudar. Nunca hubiera pensado que acabaría siendo cocinera profesional, pero aprendí mucho en todos estos “trabajos de verano” y cada vez me inspiraban más y me motivaron a seguir explorando y definiendo mi estilo gastronómico.

Alberto: Mi primer trabajo fue como camarero en un restaurante en Italia durante mis estudios universitario en literatura. Empecé a trabajar en restaurantes porque era la forma más eficaz de ganarme lo que necesitaba para pagar la universidad. Sin embargo, cada vez me interesaba más la gastronomía, especialmente el lado social que conlleva. 14 años después, junto con Ella, llevo mi propio proyecto culinario que tiene una fuerte identidad y compromiso social. 

Contadnos sobre Bear on Bike.

En Bear on Bike ofrecemos una variedad de experiencias gastronómicas desde catering a clases de cocina o cenas pop-up, de la manera más sostenible posible, esto significa que sólo trabajamos con productos locales, de temporada y orgánicos, minimizamos el plástico, los envases y el desperdicio de alimentos y reducimos, reutilizamos y reciclamos todo en cada una de las fases del proceso. Además, en Barcelona entregamos solo en bici para reducir emisiones.

Cuando teníamos que poner un nombre a nuestro humilde proyecto de hacer cenas y clases de cocina en casa, y de vez en cuando algún pequeño catering, queríamos diferenciarnos y no caer en nombres tipo “foodie, mesa, taste, gusto” y demás. Pensamos que un animal nos representaría bastante bien y optamos por esta imagen de un oso que va en bicicleta, que para nosotros representa el movimiento slow que gana impulso.

El proyecto empezó en serio cuando cogimos nuestro local. Al principio tuvimos que ofrecer muchos servicios y productos diferentes para sobrevivir: cenas y eventos privados en nuestra sala, caterings de entrega y eventos in situ, delivery de comidas, tours y clases de cocina para turistas por la mañana y por la tarde clases para gente local y grupos privados. También operamos un coworking para cocineros en nuestro espacio alquilando nuestra sala y taller para que otros chefs pudieran hacer sus propios eventos pop-up y clases de cocina.

Trabajar con producto ecológico y local siempre fue importante para nosotros, pero al entrar oficialmente en el mercado nos dimos cuenta de que teníamos que investigar más y comprometernos a hacer todo en línea con nuestros valores. Así que en Bear on Bike solo usamos productos ecológicos, locales y de temporada y tenemos relaciones estrechas con nuestros productores y vendedores. Un buen productor puede contestar a todas tus preguntas porque le apasiona su producto, hay total transparencia acerca del mismo. Las historias y los procesos de estos productores nos anima a vender y a usar su producto y a contar a los clientes el trabajo y la pasión que se ha metido ahí. Queremos que el cliente final entienda el valor añadido que aportan estos productores así que nuestro trabajo no es solo comprarlo y cocinarlo, si no también comunicarlo.

¿Qué os inspiró a crear Bear on Bike?

Una pasión compartida por la comida. Al principio estábamos constantemente explorando y experimentando. Cuando pisas el territorio de catering y de llevar tu propio negocio, hay una curva de aprendizaje muy escarpada y es muy motivante. Ambos habíamos trabajado siempre en proyectos de otras personas y queríamos crear algo nuestro y poder tomar todas las decisiones en los diferentes ámbitos, des de la administración a la compra y el servicio, para que todo representara nuestra filosofía, nuestra manera de hacer las cosas.

Contadnos sobre vuestro sector, ¿qué os preocupa y qué debe cambiar para que sea más sostenible? 

Nos preocupa que en el sector de la gastronomía las empresas de catering y los pequeños restaurantes se vean forzados a comprar productos convencionales de grandes distribuidores para poder ser competitivos con la comida que ofrecen.
No sabemos cuándo pasó, pero la gente tiene unas expectativas fijas sobre lo que cuesta la comida y cualquier aumento sobre este precio les parece injusto y casi escandaloso. Lo que el público no entiende es que hay un coste para poder mantener estos precios, solo que no se ven y por lo tanto no somos conscientes de ellos. Los bajos precios a los que estamos habituados solo son posibles explotando a los productores, fomentando los monocultivos perjudiciales para el medio ambiente y comprando productos de importación y fuera de temporada, en fin, unos alimentos que conllevan una gran injusticia social y económica. Una producción de alimentos que cuida la tierra y las comunidades tiene que ser más cara y tenemos que estar dispuestos a pagar por ello.

“Los alimentos a bajo precio solo son posibles explotando a los productores, fomentando monocultivos perjudiciales para el medio ambiente […] son alimentos que conllevan una gran injusticia social y económica.”

El sector cambiará cuando los clientes empiecen a preguntarse cómo se crió la carne que comen o si las verduras que les sirven son ecológicas y cuando estén dispuestos a pagar más por comida producida de manera justa. No queremos decir que salir a comer sea solo para gente con dinero, pero tanto en el bar de tapas como en el supermercado, tendremos que comprar menos y mejor.

A nivel personal, ¿qué hacéis para vivir de manera más respetuosa con el planeta?

Al principio buscábamos alternativas para todo como mini bolsas de algodón para las verduras en lugar de las de plástico, ropa ecológica o de segunda mano en lugar de apoyar a la esclavitud moderna de la que dependen tiendas como H&M y Zara. Íbamos a Veritas a comprar fruta y verdura ecológica porque allí tienen una gran variedad todo el año…pero cuando realmente empezamos a cambiar a una vida más slow nos dimos cuenta de que lo más fácil y barato era simplemente comprar menos. Por ejemplo, no comprar más ropa hasta que la que tenemos ya no se puede usar o comprar la fruta y verdura y ponerla directamente en la mochila todo junta en vez de en bolsas. También comprar de productores pequeños y locales y comprar lo que tienen disponible en ese momento y si ese mes no tienen lo que queríamos, pues no lo comemos. Comiendo con las estaciones das más valor a productos como el higo o la alcachofa mientras dura porque su temporada es muy corta, aprendes a agradecer más cada producto.

También nos metimos en el movimiento zero waste con muchísimas ganas, pero luego empezamos a analizar qué acciones tienen mayor impacto y nos llevó a hacer reflexiones del tipo ¿comprar un producto zero waste en Amazon va en línea con nuestros valores? o ¿realmente necesitamos este o aquel producto en nuestras vidas? Es importante no dejarse llevar por un capitalismo disfrazado de sostenibilidad. Ahora está de moda poner esta etiqueta para aumentar ventas, pero hay que ir más allá. Estas son las preguntas que nos hacemos continuamente para ver si realmente estamos viviendo en línea con nuestros valores.

Hacer voluntariado en tu comunidad es probablemente una de las herramientas más eficaces hacia un futuro más sostenible, pues para que haya un cambio económico, primero debe haber justicia económica y social.

Además, usamos la bicicleta como medio de transporte en la ciudad y estamos en contra de la priorización de coches en las zonas urbanas. Ser activo socialmente en tu barrio también es respetar el medio ambiente, no podemos realizar un cambio económico si no hay primero justicia económica y social, hacer voluntariado en tu comunidad es probablemente una de las herramientas más eficaces hacia un futuro más sostenible. Cuando se habla de sostenibilidad hay mucha hipocresía y ésta va perdiendo su significado, por ejemplo ¿un producto realizado con materiales orgánicos es realmente sostenible si el proceso de producción no lo es o no se ha tenido en cuenta las condiciones laborales de los trabajadores que lo han realizado? Para nosotros, lo importante es ser conscientes de estas contradicciones y votar el modelo que queremos con cada compra que hacemos de la manera más informada posible.

Todo emprendedor pasa por altos y bajos al empezar una empresa ¿Cómo los habéis afrontado y tenéis algún consejo para personas que están empezando?

Creo que emocionalmente no estábamos preparados por lo duro que iba a ser el primer año. Ser cocinero ya de por si es un trabajo que demanda mucho físicamente, pero además cuando trabajas en eventos puedes llegar a trabajar de 15 a 21 horas (nuestro récord) al día que incluyen transporte, montaje, limpieza y todo lo demás. Durante los primeros meses estábamos trabajando mucho, cobrando poco e intentado llegar a fin de mes con unos gastos que en esos momentos nos parecían infinitos.

A las personas que empiezan les queremos decir que van a tener días así, sobre todo al principio, pero que es momentáneo, durará uno o dos años pero mejora trabajando, porque vas desarrollando sistemas que te ahorran tiempo y vas haciendo contactos que te ayudan.

“Sé flexible para identificar qué funciona y qué no, el negocio puede que termine siendo diferente de lo que imaginabas, pero para mejor.”

También aconsejamos que el plan de negocio sea un documento vivo y que uno sea flexible para identificar lo que funciona y lo que no y así adaptarse. En la hostelería es habitual hacer varias cosas a la vez y nosotros estamos continuamente analizando dónde invertimos el tiempo y dónde ganamos dinero, que no siempre coinciden. A veces nos sorprendemos cuando un producto funciona mejor que otro que nos ilusionaba más y dónde habíamos puesto más energía, hay que aceptar que a veces el propio negocio te guía hacia donde ir y no luchar contra el mismo, es posible que termine siendo diferente de lo que imaginabas, y que sea para mejor.

Emprender implica muchas veces equivocarse por el camino, ¿qué errores habéis hecho y qué habéis aprendido de los mismos? 

Al principio asumimos que ofreciendo un producto más barato venderíamos más. El primer año mucha gente nos regateaba y acabábamos dando descuentos enormes para que nos aceptaran la propuesta. Cuando no tienes otras ofertas y estás desesperado es muy difícil decir “no gracias” a estos trabajos. Luego, cuando tuvimos un poco más de estabilidad, decidimos parar de desvalorizar nuestro trabajo y funcionó. Por un lado, nos llegaron más clientes que agradecían nuestro trabajo y nuestro producto por su calidad, y por otro, la gente que regateaba dejó de contactarnos. Cuando tienes muy claro el valor que tienes, los demás lo ven. No es tanto “créalo y vendrá por arte de mágia” es más cuestión de asociar valor con tu marca y manera de trabajar desde el principio, es decir ¡no trabajar gratis!

¿Cuál es vuestro mayor reto en la empresa? ¿Y vuestro gran triunfo? 

Creo que nuestro mayor reto es mantener el equilibrio con nuestra vida fuera de la empresa. Esto pasa a cualquier emprendedor, pero cuando además eres pareja aún es más difícil separar la vida laboral de la vida personal. Nuestra casa es nuestra oficina y nuestro local es nuestro hogar. Cuando trabajas en cocina tus compañeros se convierten en tu familia, son una red de apoyo muy importante y es genial poder tomar una cerveza con otros chefs y hablar de los altos y bajos del negocio. Pero al poner tanta pasión en el proyecto y estar tan involucrados con el mismo corremos el riesgo de que nos absorba y de repente cuando levantamos la cabeza nos damos cuenta de que hemos pasado meses sin ver a amigos o sin salir de la ciudad.

Nuestro triunfo ha sido sobrevivir. Somos conscientes del número de proyectos gastronómicos que cierran durante el primer año de vida, hemos visto como le pasaba a gente muy trabajadora y con mucho talento y potencial. Haber llegado a una fase del negocio donde la red y reputación que hemos creado significa que siempre llegará algo y que seguiremos en pie, es una satisfacción y un orgullo enorme para nosotros. Tenemos muchísima suerte de poder hacer lo que nos gusta y de ser nuestros propios jefes.

¿Quién os inspira y porqué?

Nuestros productores. Sobre todo cuando les ves ahí día tras día con sus manos en la tierra, no transigen en su trabajo y trabajan muchísimo. Nos inspiran también los pequeños emprendedores que nos rodean, son unos guerreros que nunca se rinden. Es fácil mirar a alguien de éxito y fama y querer ser como ellos, pero los que realmente nos motivan a hacer más y mejor son los pequeños empresarios que están a nuestro lado, luchando cada día como nosotros.

¿Qué metas tenéis para el futuro, personales y profesionales?

Nos cuesta separar lo personal de lo profesional, así que nuestra gran meta incluye los dos: un día nos gustaría trasladar nuestro proyecto fuera de la ciudad. Cuanto más en contacto con la tierra, los productos, los productores y la naturaleza estamos más felices somos. Nos encantaría evolucionar hacia un proyecto en el campo enfocado a la buena comida, el contacto con la tierra y la solidaridad social. Y si se pudiesen realizar eventos y bodas ahí ¡mejor!

¿Cómo sería el mundo en vuestro futuro ideal?

Nos encantaría vivir en un mundo donde la gente priorizara el planeta simplemente porque sí, pero el sistema capitalista en el que vivimos hace necesario que todo tenga un incentivo monetario.

Para nosotros un futuro ideal pasa por hacer una sociedad más justa a través de cambios profundos en el sistema como justicia social y económica, movilidad sostenible, sostenibilidad urbana, cooperativas de ahorro y créditos y multicultivos en pequeña escala, por ejemplo. El mundo seguiría estando interconectado, sin embargo se daría peso al rol del individuo como miembro socialmente activo en su comunidad, donde se trabajara para crear un bienestar colectivo y no exclusivamente propio. Además, no habría coches dentro de la ciudad y priorizaríamos calidad frente a cantidad.

También nos gustaría que la gente dejara de pensar en la comida local y orgánica como una cosa de pijos, porque esta idea no puede ser más falsa. Comprar en grandes cadenas significa apoyar a la opresión de los agricultores con precios imposiblemente baratos y apostar por el maltrato animal y la contaminación de la tierra. Parece exagerado pero no lo es. Queremos que la gente apueste por los agricultores comprometidos a entregarnos un producto sano, que tratan bien a sus animales y que humildemente cuidan de nuestra tierra para las generaciones futuras. Estos productos deberían ser los habituales no como ocurre ahora que los productos producidos a gran escala son lo normal y lo ecológico, local y de temporada son etiquetados como algo especial.

El producto ecológico, local y de temporada debería ser lo normal, no como ocurre actualmente.

Actualmente estamos pasando por unos momentos muy duros con la pandemia del Covid-19 y aunque hay mucho de negativo ¿Veis algo positivo en esta pandemia?

Al nivel personal ha sido una oportunidad única en nuestras vidas para pausar y reflexionar hacia dónde vamos. Nos hemos dado cuenta de que son necesarios unos cambios profundos cuyos resultados van más allá de nuestras propias vidas, además de los pequeños cambios que todos hemos adoptado para sobrevivir esta emergencia. También hemos creado nuevas conexiones y vínculos con personas que comparten nuestra filosofía y valores.
Al nivel global no estamos tan optimistas. Ojalá que lo más visto de Instagram de cuando saldremos de esto seremos más… fuera verdad, pero tenemos la sensación de que se volverá a lo habitual y sin grandes cambios estructurales vemos difícil que haya cambios importantes. El impulso que ha tenido el movimiento Las Vidas Negras Importan ha sido el mejor ejemplo de lo que se puede lograr con coordinación y persistencia, aprovechando la energía del momento. Ojalá que aquí también naciera un movimiento que sensibilizara a la población acerca de las condiciones en las que muchas personas de color viven, sobretodo en el sector de la agricultura convencional.


ELLA Y ALBERTO RECOMIENDAN

Brenna Quinlan (@brenna_quinlan) tiene un instagram muy informativo con infografías sobre muchos temas, desde la permacultura hasta los derechos humanos.

El libro This changes everything de Naomi Klein y su web Thischangeseverything.org. Contiene mucha información y ofrece posibles soluciones a problemas sociales, económicos y de producción, además de consejos para actuar activamente en tu comunidad.

El podcast Farmerama Radio (@farmerama_radio) sobre agricultura regenerativa.

La web FoodTank (https://foodtank.com/) que trabaja para conseguir cambiar el sistema alimentario actual por uno que sea más seguro y saludable.

Atlas of the Future (https://atlasofthefuture.org/es/) da a conocer proyectos de todo el mundo que ayudan a crear un mundo mejor, además de realizar entrevistas a activistas.

BCN MES (https://bcnmes.com/) prensa trilingüe e independiente de Barcelona, portavoz de valores con los que nos identificamos.

Conoce más sobre Bear on Bike en: https://www.bearonbike.es/ y en @bearonbike

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